Cuando apenas la luz de la mañana barre de este a oeste la ciudad, se sienta en su butaca dando comienzo a su pequeño ritual: abrazar con un cojín sus riñones, buscar en el dial su emisora de radio, sacar punta a los lápices de acuarelas y, abrir el libro con ilustraciones de plantas. Sus primeros trazos suaves, como las caricias de un jovenzuelo sobre un cuerpo desnudo, acaban siendo intensos como toda primera vez.
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Escribes muy bien. Espero q esa aventura sea duradera. Saludos
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