La crisis continúa. El cielo está limpio de nubes. Un palomo persigue a una escurridiza paloma por el tejado. Imágenes de piratas somalíes se confunden con la de Susan Boyle cantando “cry me a river” en la televisión. Meto mis pies en agua hirviendo con bicarbonato. Apenas puedo mantener los pies sumergidos unos segundos del dolor pero al final caen ahogados y entonces, el dolor comienza a ser placentero.
miércoles, 22 de abril de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Toda primera vez, trazos suaves y la luz de la mañana.
Cuando apenas la luz de la mañana barre de este a oeste la ciudad, se sienta en su butaca dando comienzo a su pequeño ritual: abrazar con un cojín sus riñones, buscar en el dial su emisora de radio, sacar punta a los lápices de acuarelas y, abrir el libro con ilustraciones de plantas. Sus primeros trazos suaves, como las caricias de un jovenzuelo sobre un cuerpo desnudo, acaban siendo intensos como toda primera vez.
De luces, oscuridades y tornados. De conversaciones, de contagio y desánimo. One dove.
El domingo acabó mientras recogía las piezas de madera, la pandereta, el tambor y, el portátil de plástico. Esta vez fue mi sobrino quien como un tornado arrasó con mi habitación. Te coge de la mano para que le alcances los objetos que siempre acaban en el suelo y que por ahora, se libra de recoger.
Pero para mí, el domingo acabó antes, tras varias conversaciones por el Messenger, pues me vino el desánimo. No se si fue un contagio vía Internet o quizás motivado por acompañar la tarde de domingo con la voz de Antony and the Jonhnsons.
Y cuando ya nada quedaba por hacer, excepto recoger mis sábanas que colgaban del tendero que da al parque, me fijé que había luz en el tercero, en la habitación que corresponde a un cuarto de baño. El cuerpo desnudo de mujer en la intimidad más absoluta que la noche y la luz de la habitación, permiten.
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